miércoles, 2 de abril de 2014

Debating an Eco-revolution

Debating an Eco-revolution
Dhruv Singhal


Global warming – man or myth?
If you look at information on global warming, there are millions of websites and scientific facts that tell us that global warming (or climate change) is well and truly real and is effecting and changing the lives of all people around the globe, as well as mass migration of animals and the damaging of crop cycles and many other momentous issues. However, there is an equal amount of research that claims that climate change is nothing but the overreaction of the end of the last ice age, to hit what is nowadays Europe around 5000 years ago. So, who do you believe? Why should we believe it? And is all this stuff on climate change and global warming all made so we are feared into buying new “eco-friendly” government funded projects? Therein lays the debate – which could go further as laws or government based decisions at any level.

Where to holiday? How about here! The rise of stay-cationing
The presumption that climate change is a real thing is a given in this debate, here we look at an interesting idea that has come out of the UK; the notion of a stay-cation. This idea basically works on people visiting other areas of their own country (staying at home) whilst treating it like a holiday (vacation), therefore offsetting CO2 levels for their flights, by staying and driving or walking to their holiday destinations, though is a really a good idea? The whole idea behind holidays is to relax, but do you still feel relaxed if you are holidaying in your own country? Or do you need the traditional sand, sea and sun holidays that are so frequent in Southern Europe? This is where people can pitch in ideas; it looks at each country on a touristic level, and whilst it could divide opinions on which is the best country to live and holiday in, it could allow people to finally appreciate the sights and sounds that they have of their own country. This debate, if successful would be used to talk to local governments to promote regional or national tourism, which could appeal to both the domestic and international tourist.


Are there any alternatives? Fossil fuel substitutes
This is a classic debate on climate change – which is the best alternative to gas and oil? Do we need to go to extreme lengths to get them too or is it as simple as solar panels in the south of the continent, wind turbines in the north and west and hydro-electricity and nuclear energy in the east? Or is it far more complicated that this? Many people would have many different views on this and it could cause a lively debate. Following the debate and a possible look to the EU legislation on alternative fuels this could be used to talk to national level governments about subsidies as well as incentives for people to use these new forms of energy.

Buy me growth – alternate energy gets us out of recession
This is purely for a business oriented idea, could the development/ research/ building and using of alternate energy services provide a new economy? The idea here is that with enough faith in the private sector of the 28 members of the EU could companies build, operate and utilize market principals to create growth, money for economies and most importantly jobs? This debate could be interesting as there are few sources out there that look at these sorts of issues and with the ability to talk to people all over Europe, whose individual country is at a different stage in its economic cycle – is investment in green energy the stimuli needed to get Europe back on track with a possible look at being world leaders in this sort of project. This can of course be combined with the idea above, and could be taken to regional, national or international levels of the political world with one eye on the Kyoto protocol which looks at more goals for EU and the rest of the UN nations by 2020.

Green vs Blue, which colour is better?
The use of green energy has always been around, it’s interesting, it’s safe, it’s everything we need right?  However, you can look at the alternatives, blue energy. This is the idea of an osmosis based work turning salt to fresh-water and using the salt to create energy? The only ideas behind this though are its cost and how well it works. It has an apparent efficiency rating of 91%, only nuclear power is more efficient but how well has it developed? There are already subsidies in place across the Netherlands and in Norway, but could it all take off? This debate can show an interesting step forward for Europe and has a good basis for Europe into the future. Along with these, it can be taken to any level of politics to be discussed further.

As shown there are many different options that are available to us to take on the renewable energy front, I feel it would be necessary to answer these questions and further build on the concept that is Eco revolution.

martes, 21 de mayo de 2013

El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq


Es excesivamente narrativa a veces, a diferencia de las otras dos novelas que me he leído del autor ("Ampliación del campo de batalla", y "Las partículas elementales"), lo que no siempre se verifica en descripciones penetrantes o trascendentes. Las narraciones que hace se dedican en su mayoría a relatar encuentros insignificantes, superfluos, que pondrían a algún lector ávido no de acción pero sí de juicios cáusticos, a los que lo tiene acostumbrado Houellebecq, al borde apenas de la desesperación.
A primera vista, también, es menos políticamente incorrecta.

A primera vista, solamente. Porque a diferencia de "Ampliación..." y de "Las partículas...", es menos directo, menos panfletario, a la hora de señalar las debilidades, las enfermedades, los virus, que han infectado la civilización occidental; porque su tema sigue siendo la civilización, la civilización en los confines de la autodestrucción, del colapso, no por invasión, sino por la debilidad, por la falta de músculo. Houellebecq nos recuerda aquí al Lovecraft de "La calle"; Houellebecq parece ser consciente de la verdad expuesta por Jacob Burckhardt, otro visionario, y más bien profeta, de la decadencia occidental, que veía anunciada ya en el siglo XIX: "En la historia, la vía de la aniquilación es preparada de manera inmutable por la degeneración interna, por un decrecimiento de la vida. Solo entonces puede un estremecimiento externo ponerle un fin al todo"; verdad puesta ya en claro por otro profeta de la decadencia, esta vez en el siglo XIV, Ibn Khaldun: "A lo largo de la historia, muchas naciones han sufrido una derrota física. Pero cuando una nación es la víctima de una derrota sicológica, entonces eso marca el fin de una nación." Sicológico aquí quiere decir, claro, del alma, de la vocación, de la voluntad.

A primera vista, "El mapa y el territorio" puede ser simplemente una presentación de las formas que sustentan la civilización: la producción, el mantenimiento del orden, la satisfacción sexual. Sin embargo, es profundo, más profundo que en las obras mencionadas, al ser más sugerente, menos explícito, más insinuante, acerca del proceso como esos fundamentos se ven erosionados. Un cambio en el espíritu, una ausencia de percepción, una falta de conciencia colectiva, el mecanicismo de un sistema que anonada los esfuerzos por mantenerlo en funcionamiento.

Al final, el sistema productivo, el sistema sexual, el sistema del orden, dan paso a nuevas formas, que traerán consigo tal vez una nueva civilización, que no conocemos todavía plenamente, de la que el autor nos da unos brochazos, pero que tiene que representar de todos modos el hundimiento de la civilización en la que vivimos, y en la que hemos vivido desde el siglo XIX. El sistema industrial desaparece, el sistema del orden cambia, los técnicos toman el rol del investigador juicioso, representado por el Detective Jasselin y sus métodos anticuados para buscar la verdad, la pareja estable cede ante el avance de la liberación, de la dilución de la necesidad, y del galope inmarcesible, irrefrenable, despiadado, inexorable, de la liberación femenina. El individuo aquí pierde la conciencia, se torna un elemento más, el significado de su personalidad desaparece, sin nostalgia, sin pasado, sin futuro. Todo esto es puesto en las obras de arte ficticias de Jed Martin.

Al final, este desgranamiento, este desleimiento de nuestra cultura, con nuestros ojos fijos, inadaptables, solamente lo podemos ver como una recolonización de la naturaleza, como un "triunfo absoluto de la vegetación". Puede que sea menos directa esta novela, a primera vista es menos cáustica, pero retomando la narración y viéndola al trasluz de sus últimos dos párrafos, se comprende que Houellebecq pueda pertenecer sí, como él dice, al romanticismo, pero a un romanticismo decadentista, que pone el dedo en la llaga y aprieta fuerte.

domingo, 3 de junio de 2012

George Orwell. Antirracionalismo

George Orwell. Antirracionalismo
Tomado de 1984

"Al final, el Partido anunciaría que dos y dos son cinco y habría que creerlo. Era inevitable que llegara algún día al dos y dos son cinco. La lógica de su posición lo exigía. Su filosofía negaba no sólo la validez de la experiencia, sino que existiera la realidad externa. La mayor de las herejías era el sentido común. Y lo más terrible no era que le mataran a uno por pensar de otro modo, sino que pudieran tener razón. Porque, después de todo, ¿cómo sabemos que dos y dos son efectivamente cuatro? O que la fuerza de la gravedad existe. O que, el pasado no puede ser alterado. ¿Y si el pasado y el mundo exterior sólo existen en nuestra mente y, siendo la mente controlable, también puede controlarse el pasado y lo que llamamos la realidad?" 

"No has querido realizar el acto de sumisión que es el precio de la cordura. Has preferido ser un loco, una minoría de uno solo. Convéncete, Winston; solamente el espíritu disciplinado puede ver la realidad. Crees que la realidad es algo objetivo, externo, que existe por derecho propio. Crees también que la naturaleza de la realidad se demuestra por sí misma. Cuando te engañas a ti mismo pensando que ves algo, das por cierto que todos los demás están viendo lo mismo que tú. Pero te aseguro, Winston, que la realidad no es externa. La realidad existe en la mente humana y en ningún otro sitio. No en la mente individual, que puede cometer errores y que, en todo caso, perece pronto. Sólo la mente del Partido, que es colectiva e inmortal, puede captar la realidad. Lo que el Partido sostiene que es verdad es efectivamente verdad. Es imposible ver la realidad sino a través de los ojos del Partido. Éste es el hecho que tienes que volver a aprender, Winston. Para ello se necesita un acto de autodestrucción, un esfuerzo de la voluntad. Tienes que humillarte si quieres volverte cuerdo." 

"No destruimos a los herejes porque se nos resisten; mientras nos resisten no los destruimos. Los convertirnos, captamos su mente, los reformamos. Al hereje político le quitamos todo el mal y todas las ilusiones engañosas que lleva dentro; lo traemos a nuestro lado, no en apariencia, sino verdaderamente, en cuerpo y alma. Lo hacemos uno de nosotros antes de matarlo. Nos resulta intolerable que un pensamiento erróneo exista en alguna parte del mundo, por muy secreto e inocuo que pueda ser." 

"El poder es poder sobre seres humanos. Sobre el cuerpo, pero especialmente sobre la mente." 

"Controlarnos la materia porque controlamos la mente. La realidad está dentro del cráneo. Irás aprendiéndolo poco a poco, Winston. No hay nada que no podamos conseguir: la invisibilidad, la levitación... absolutamente todo. Si quisiera, podría flotar ahora sobre el suelo como una pompa de jabón. No lo deseo porque el Partido no lo desea. Debes librarte de esas ideas decimonónicas sobre las leyes de la Naturaleza. Somos nosotros quienes dictamos las leyes de la Naturaleza." 

"El poder consiste en derrumbar las mentes humanas en pedazos y en volver a juntarlas en nuevas formas según tu propia elección."

"Todo podía ser verdad. Las llamadas leyes de la Naturaleza eran tonterías. La ley de la gravedad era una imbecilidad."

lunes, 7 de mayo de 2012

Nicolás Gómez Dávila: "De iure" http://es.scribd.com/doc/92724890/Nicolas-Gomez-Davila-De-iure

martes, 17 de abril de 2012

Insight into 'The politics of Recognition' by Charles Taylor

Insight into 'The politics of Recognition' by Charles Taylor
by Dhruv Singhal
Charles Taylor plays with the Rosseauian idea that honor and hierarchy are interdependent as the other-dependent person is a slave to “opinion”, thus providing a critique for Pride (amour-propre). This renders humanity into a paradoxical condition where despite inequality in power, there exists dependence between the various strata of society. A perfectly balanced reciprocity of recognition on the other hand makes it compatible with liberty.
The importance of esteem is not to be disregarded, but for valuing a system of equality, reciprocity, and unity of purpose, for the defense of general will, all virtuous citizens are to be equally honored. Thus the age of dignity becomes existent. With reciprocated recognition among equal men, the problem of depravity of recognition is thus resolved.  The problem arises when the situation is analyzed from the perspective of differentiated purposes, which renders such reciprocated recognition impossible. If this difference in purposes is overlooked, a so called “homogenizing tyranny“ arises.
Some critics on the other hand choose to analyze recognition in a more negative light. Hegelian recognition is considered to have an inevitable aspect of hierachy characterized by domination of peoples over other.  According to Sartre, “our relations with other people are always conflictual as each of us attempts to negate the other in an intersubjective dual. The realisation of our own subjectivity is dependent upon our turning the other into an object. In turn, we are made to feel like an object within the gaze of the other.” Sartre further provides a crucial example which relates the shameful, objectifying experience of suddenly feeling the ‘look’ or ‘gaze’ of another person upon us when carrying out a contemptible act to the notion of mutual conflictual recognition. “In this moment of shame, I feel myself as an object and am thus denied existence as a subject. My only hope is to make the other into an object. There are no equal or stable relations between people; all interactions are processes of domination.” Levinas explores ethical issues regarding once methodology involved in ‘recognizing’ others. According to Levinas, “Hegelian recognition involves an unavoidable appropriation or assimilation of the other into one’s own subjectivity.” He posits that while recognizing others we inadvertently deem them knowable, fathomable, thus depriving them of the altered differences. He argues that this is infact the greatest ethical sin as one fails to recognize other in their full exteriority and the differences they might possess. “In effect, to recognize someone is to render them the same as us; to eliminate their inescapable, unapprehendable and absolute alterity.”
Paddy Queen from Queen’s University of Northern Island regards the inevitability of globalization and immigration, an important factor for the increased value of politics of recognition. In her own words, “Despite the criticism of the concept of recognition, there is an ever increasing value attached with recognition as a functional socio-political principle. The increasingly multicultural nature of societies throughout the world seems to call for a political theory which places respect for difference at its core. In this regard, recognition theories seem likely to only increase in influence. It should also be noted that they are very much in their infancy. It was only in the 1990s that theorists formulated a comprehensive account of recognition as a foundational concept within theories of justice. To this extent, they are still in the process of being fashioned and re-evaluated in the light of critical assessment from various schools of thought. For many thinkers, the concept of recognition captures a fundamental feature of human subjectivity. It draws attention to the vital importance of our social interactions in formulating our sense of identity and self-worth as well as revealing the underlying motivations for, and justifications of, political action. It seems particularly useful in making sense of notions of authenticity and the conditions for agency, as well as mapping out the conditions for rational responsibility and authority. As a result, recognition can be seen as an indispensable means for analyzing social movements, assessing claims for justice, thinking through issues of equality and difference, understanding our concrete relations to others, and explicating the nature of personal identity. Although there remain concerns regarding various aspects of recognition as a social and political concept, it is entirely possible that many of these will be addressed and resolved through future research.”
The question that Charles Taylor seeks to answer concerns the homogenizing effects of politics of equal dignity. He presents the Canadian case regarding the same, which involves a universal Charter of Rights applicable to all its citizens. It guarantees equal rights and treatment of all Canadians.
At it’s stake is the survival and autonomy of Quebec and aboriginal nations as distinct societies.
On the other hand there exists in self-governance and survival policies, like language laws to preserve different cultures. Special laws, for example, about language  exist (in order to ensure survival of francophone culture):
- Children of francophone or immigrant parents are not allowed to enter English schools.
- Businesses with more than 50 employees must be run in French.
- No advertisements in any other language than French.
They fear that their cultures -understood comprehensively as dynamically tensed and politicized articulations of way of life- will turn into the lifeless folklore of a museum diorama.
For a number of people in ‘English Canada’, a political society’s espousing certain collective goals threatens to run against both of these basic provisions of the Charter. The prominent reasons cited for this are:
1. Collective goals might put restrictions on the behavior of individuals that might violate their rights granted by the universal charter.
2. Espousing collective goals on behalf of a national group can be thought to be inherently discriminatory.
Dworkin’s liberalism considers two kinds of moral commitment: procedural and substantive. This implies that a liberal society cannot adopt a substantive view about the ends of life, aim to make people virtuous, because this would involve a violation of its procedural norm -it would not be treating the dissident minority with equal respect.
At the same time, a society with collective goals like Quebec’s violates this model as policies intended to facilitate survival seek to induce members of the community -not simply providing a facility to already existent people. Quebeckers therefore tend to opt for a different model of a liberal society.
This is achieved by distinguishing the fundamental liberties that should never be infringed from privileges and immunities that are important, but can be revoked or restricted for reasons of public policy.
There is a form of the politics of equal respect, which is enshrined in a liberalism of rights, that is inhospitable to difference, because (a) it insists on a uniform application of the rules defining these rights, without exception, and (b) it is suspicious of collective goals. Inhospitable because it cannot accommodate what the members of distinct societies really aspire to, which is survival.
Amelie Oksenberg Rorty argues, “But even if Taylor is permitted the accordion movement, expanding and contracting his definitions of culture and of language, he doesn’t provide an account of cultural differentiation. He focuses cultures as the immediate and proper objects of "the politics of recognition," he requires a criteria for distinguishing them that are narrower than the demarcation of natural languages and more precise than the differentiation of "ways of life." If cultures differ from other identity-defining groups by virtue of their solidarity and historical continuity, we need criteria for cohesive identity and continuity.
There are only few philosophers which consider themselves sensitive to the political aspects of apparently neutral philosophic issues than Charles Taylor. “By taking Quebec’s cultural survival as his primary example he has made his case easier for himself than it should be.” As Taylor presents them, the issues over Quebec’s recognition have focused almost exclusively on the preservation of a specific language and on the policies and institutions required for-and legitimated by-that preservation. With such a simplified and abstracted characterization of the constituents of culture, it is not too difficult to argue that liberalism can, without jeopardizing its primary commitments, extend certain rights of self-preservation to the dominant culture and to subcultures as long as the basic rights of individual citizens remain protected. But when cultures are more fully described, as including economic and political practices and attitudes, the politics of cultural definition and recognition becomes entangled in determining public policy on a vast range of substantive issues. For instance, how far might the preservation of Irish-American culture commit us to subsidizing the parochial schools of the Catholic population, recognizing that Catholic schools typically attempt to develop specific attitudes to many morally and politically charged divisive issues (publicly supported abortion, euthanasia, etc.) In funding parochial schools, does the state become an active party in determining not only their curricular standards, but also the direction of teaching?” Is it therefore necessary to assure that the day to day practices of such schools follow general anti-discrimination practices.
The paper revealed the struggle between equality and identity based justifications for affirmative action in liberal societies. It is a critique to the notion that liberalism is a possible meeting ground. It is on the other hand shown to be the political expression of one range of cultures, and quite incompatible with other ranges.
It has to be considered that all societies are becoming increasingly multicultural, while at the same time becoming more porous. There is, then, an intense vulnerability to personal relationships that has arisen from the collapse of honor and from the conflicting notions of what its substitute, recognition, can bestow. A new note has been struck in the history of friendship and marriage: that of desperation. For Taylor, this desperation comes from the inherently irresolvable tensions between conflicting views of human nature, each of which forms an indispensable foundation stone to contemporary liberal society:
“With the politics of equal dignity, what is established is meant to be universally the same, an identical basket of rights and immunities; with the politics of difference, what we are asked to recognize is the unique identity of this individual or group, their distinctness from everything else. The idea is that it is precisely this distinctness that has been ignored, glossed over, assimilated to a dominant or majority identity. And this assimilation is the cardinal sin against the ideal of authenticity.”
Hence he demands for recognition of equal value of different cultures. Decolonization of peoples and  a World of education. In all the debates about multiculturalism-about Afro-centered curricula, for example, or affirmative action, or perhaps above all, feminism-it is not sufficiently noted how inherently irresolvable this issue is when taken on its own terms. Society is being asked to provide two mutually contradictory supports to each individual: one based on his abstract humanity and the other on his unique particularity, and the two simply cannot be made to parse in the same political syntax, a point that Taylor, an Anglophone from Quebec, notes with rare acuity:
“These two modes of politics, then, both based on the notion of equal respect, come into conflict. For one, the principle of equal respect requires that we treat people in a difference-blind fashion. The fundamental intuition that humans command this respect focuses on what is the same in all. For the other, we have to recognize and even foster particularity. The reproach the first makes to the second is just that it violates the principle of nondiscrimination. The reproach the second makes to the first is that it negates identity by forcing people into a homogeneous mold that is untrue to them.”
Logic behind some of his demands seem to depend upon the premise that we owe equal respect to all cultures and there is something valid in this presumption, but the presumption is by no means unproblematic, e.g., not all art is of equal or even considerable value; every culture can go through phases of decadence.
It is to be noted that by explaining the right to identity as a need for original recognition, the tension between the tripartite justification of minority protection has disappeared. Consequently in the case of politics of societal differentiation, the three traditional justifications of minority rights are complementary: for if minorities are able to nurture their original recognition they will be able to take part in society on equal footing, without being or becoming identical to majority. Taking part in society on equal footing would mean being supported by a secure cultural structure, the minority feels that it has a voice outside the bounds of it’s own community.
The presumption should instead be thought of as a starting point. The very understanding of what it is to be of worth will be strange and unfamiliar to us. We require a “fusion of horizons” hosting the spectrums of cultures regardless of time.  Among the responses to Taylor's lecture, Michael Walzer's (the shortest) does remark on the hypocrisy behind Enlightenment liberalism ("no doubt state neutrality is often hypocritical, always incomplete"). Taylor, of course, does not characterize the Enlightenment/Romantic program as hypocrisy but rather as inherently contradictory, a point brought out, seemingly unconsciously, by Steven Rockefeller, another respondent, who juxtaposes these two sentences without appearing to notice how the one unravels the other:
“From the democratic perspective, particular cultures are critically evaluated in the light of the way they give distinct concrete expression to universal capacities and values. [Yet] the objective of a liberal democratic culture is to respect-not to repress-ethnic identities and to encourage different cultural traditions to develop fully their potential for expression of the democratic ideals of freedom and equality, leading in most cases to major cultural transformations.”
As Edward T. Oakes puts it, “But these transformations don't come cheap, which is precisely why the issue is so neuralgic. The contradiction lurking in all this rhetoric is the quite unspoken presupposition that governs this debate: that some culture has to be the chump and play the role of the fall guy, an admission that perhaps only comes to light in this telling line from respondent Susan Wolf: "And the problems of those who have been urged to ignore or suppress or remove their differences from white Christian heterosexuals can remind us of the dangers of trying to deny the significance, say, of gender differences that may run very deep." But what goes unrecognized in the book is how a Christian perspective on human nature might actually not only illuminate these difficulties but point a way, if not to their resolution, at least to an identification of their source. For example, one odd feature of the book is Taylor's assertion that the trend toward a politics of recognition can be seen as "just a continuation and development inaugurated by Saint Augustine, who saw the road to God as passing through our own self-awareness." What is insufficiently noted is how diametrically opposed are St. Augustine's view of human nature and that of Rousseau. Taylor at one point even quotes Rousseau to the effect that "with liberty, wherever abundance reigns, well-being also reigns"-scarcely, to say the least, a continuation of Augustine's pessimistic view of human nature. This Rousseauian optimism is perhaps the root of the modern pathos, for nothing could be so obviously self-refuting. In fact, it is out of the Rousseauian view of human nature that the politics of recognition first grew, and nothing more characterizes that politics than its sheer insatiability, as the German sidewalk streaker amply demonstrates.”

Sources
Paddy McQueen, 2011, Social and Political Recognition
Amelie Oksenberg Rorty, 1994, Political Theory, Sage Publications Inc.
Edward T. Oakes, 1993, Attention must be paid
F.F Mansvelt Beck,  Liberalism, Minorities & the politics of Societal Differentiation
Andreas Bucher, 2003, Ethnicity & State in Africa.

jueves, 23 de febrero de 2012

Nicolás Gómez Dávila: Decadence Derives from the Change of the Dominant Social Species

From: "Notas", 2003, Villegas, P. 265-266

A state, a city, are in decadence when their present dwellers belong to a social species different from that to which their creators belonged.
When the social predominance passes from one social species to another the phenomenon of decadence is produced, whatever it is the value attributed to the social species that succeeds in the posession of predominance.

jueves, 26 de enero de 2012

What's the deal with Megaupload?

What happened to Megaupload made me think some things. I want to share them with you. I speak about intellectual property, the legalization of extortion, and the return of the Luddites. All this involves an Orwellian scenario. It's 25 minutes. I hope you have the patience. Thanks!
First part, 15 min: http://www.youtube.com/watch?v=JAHYXsp_MRU
Second part: 10 min: http://www.youtube.com/watch?v=9VwkALjiRok

¿Qué pasa con Megaupload? Propiedad intelectual, legalizar la extorsión y el regreso de los luditas: un escenario orwelliano

Jaime Luis Zapata

La historia oficial es la historia que los poderes establecidos quieren que sea repetida e interiorizada por la mayoría de los zombies, que son al mismo tiempo los que supuestamente deciden el curso de las sociedades en regímenes democráticos. Esta historia es el resultado de la propaganda, y no del verdadero conocimiento, porque el conocimiento es la mejor arma contra toda clase de tiranía: el fundamento de la tiranía es la mentira.
La historia oficial que nos quieren presentar con el caso de Megaupload es que hay unos señores que se están enriqueciendo a costa del esfuerzo de otros, que están arremetiendo brutalmente contra el arte, contra los artistas, y contra todo el esfuerzo colectivo que requiere dar a conocer una obra determinada. Estos señores deben, entonces, ser castigados, y hay que asegurarse de que su ejemplo no sea seguido por los demás, y por ello hay que impedir que ese tipo de tecnologías se diseminen y se masifiquen.
La verdad es muy diferente. Megaupload representa un nuevo modelo de negocios, que obedece a un desarrollo de nuevas tecnologías, una tecnología que permite copiar y reproducir un determinado material infinitas veces, sin que se presente un daño en su calidad, con un costo ínfimo. El copyright, además, es una figura que permite muy fácilmente que se lleven a cabo labores de censura por cualquier clase de motivo, y así funcionó, por ejemplo, recién inventada la imprenta.

I. Propiedad intelectual
Ahora bien, A Kim Dotcom, el fundador de Megaupload, se le está acusando de un delito que no cometió: se le acusa, entre otras muchas cosas, de haber llevado a cabo violaciones a derechos de propiedad intelectual (copyright). Lo que él en realidad hizo fue establecer un servicio que le permitía a los usuarios compartir sus archivos a nivel mundial. Si una persona determinada viera que en ese servicio se está llevando a cabo una violación de su propiedad intelectual, esa persona podía enviar a Megaupload una notificación, y al momento el archivo era eliminado del servicio. Es como si a un productor de automóviles se le encarcelara porque uno de sus clientes utilizó el automóvil para llevar a cabo un asesinato.
No obstante, la misma acción de copiar y compartir una determinada información no puede ser considerada una violación a la propiedad intelectual: mediante ello no se está poniendo en duda quién haya sido su creador, no se está atribuyendo un crédito a una persona equivocada. Y de existir una dicha cláusula que le impide al comprador de un archivo determinado que tiene derechos de propiedad intelectual el compartirlo, esa es una cláusula imposible de asegurar. Si yo compro un libro y lo fotocopio y esas copias las comparto con otras personas, o si el mismo libro lo comparto con los demás, estaría violando la cláusula de propiedad intelectual, pero para poder verificar y penalizar esa acción habría que establecer un estado policial que revisara qué es lo que los individuos comparten y no comparten.
Los conflictos se producen por una escasez en los bienes, de ello se deriva que es necesaria una regulación para reducir esos conflictos de acuerdo a normas de justicia, y la propiedad privada es la forma de llevar a cabo de una mejor manera la resolución justa de esos conflictos. Sobre la barbaridad de la propiedad intelectual el profesor Hans-Hermann Hoppe opina:

La idea de los derechos de propiedad intelectual no sólo es equivocada y confusa sino, además, peligrosa. Y ya he comentado porqué es así. Las ideas - recetas, fórmulas, declaraciones, argumentos, algoritmos, teoremas, melodías, patrones, modelos, ritmos, imágenes, etc. - son sin duda bienes (en la medida en que son buenas y útiles, no que sean malas, las recetas, etc.), pero no son bienes escasos. Una vez pensadas y expresadas, son bienes libres, inagotables. Silbo una melodía o escribo un poema, usted oye la melodía o lee el poema y lo reproduce o lo copia. Al hacerlo, usted no me ha quitado nada. Puedo silbar y escribir como antes. De hecho, todo el mundo me puede copiar y aún así, nada han tomado de mí. (Si yo quisiera que nadie copie mis ideas sólo tendría que guardarlas para mí mismo y no expresarlas nunca.)
Ahora imagine que he obtenido un derecho de propiedad sobre mi melodía o sobre mi poesía, de tal manera que puedo prohibir a usted que la copie, o exigir, de usted mismo, una regalía si la copia. En primer lugar: ¿No implica esto, que yo, absurdamente, a mi vez, tenga que pagar regalías a la persona (o a sus herederos) que inventaron el “silbar” y la escritura, y más adelante a aquellos que compusieron el lenguaje y la reproducción de sonidos, y así sucesivamente?. Segundo: Al impedir que usted silbe mi melodía o recite mi poema o al obligarlo a pagar, en caso de que lo haga, me he transformado en realidad en propietario (parcial) de usted: propietario parcial de su cuerpo, de sus cuerdas vocales, de su papel, de su lápiz, etc., porque usted no utilizó nada, excepto sus propios recursos, cuando me copió. Si usted ya no puede copiarme, entonces esto significa que yo, el dueño de la propiedad intelectual, he expropiado a usted y a su propiedad “real”. Lo que demuestra que los derechos de propiedad intelectual y los derechos de propiedad real son incompatibles, y la promoción de la propiedad intelectual debe ser vista como uno de los más peligrosos ataques a la idea de la propiedad “real” (de bienes escasos).

II. Legalizar la extorsión
Lo que está detrás de todo esto no es una lucha para asegurar los derechos de los artistas, sino una operación para hacer que unos poderes establecidos sigan existiendo. Los artistas no se benefician de discos vendidos, sino de los conciertos que hacen. Los que sí se benefician de discos vendidos son las compañías disqueras. Megaupload y servicios similares permiten que el artista se dé a conocer ante el mundo sin tener que pagar su cuota respectiva a las compañías; el artista, el productor, se acerca más al consumidor. Impedir el desarrollo de servicios como Megaupload sería como forzar al artista a entrar en negociaciones que le representarían más bien una pérdida si se comparase con los servicios que presta Megaupload; negocios que nunca, siendo plenamente libre, estaría dispuesto a llevar a cabo. Forzar la desaparición de servicios como Megaupload es legalizar la extorsión.

III. El regreso de los luditas
Hollywood está tratando de impedir el desarrollo tecnológico que haría que su poder se tambaleara mediante una apelación a la fuerza del Estado. Esto es una manifestación de lo que George Orwell en su gran obra 1984 denominó “colectivismo oligárquico”: que industria monopolizada y gobierno centralizado no se oponen entre sí, sino que, más bien, se apoyan, se ayudan y soportan el uno al otro. Hollywood está haciendo como los luditas en el siglo XIX: destruyendo las máquinas para no verse forzados a buscar otra forma de subsistencia.
Sería éste un mundo de felicidad, paz y armonía para todos si con cada avance industrial o tecnológico, además de generar mayor riqueza para la mayoría, no se perjudicara económicamente a un grupo minoritario. No obstante, como dice Henry Hazlitt:

el progreso económico nunca ha tenido lugar y probablemente nunca se realizará de forma completamente uniforme. Hoy se produce un avance en tal rama de la producción y más tarde en otra. Si se registra un súbito incremento en la oferta del objeto a cuya producción contribuyo, o si una nueva invención o descubrimiento hace innecesario lo que produzco, lo que para el mundo supone una ganancia, para mí y para el grupo productor al que pertenezco implica una tragedia.
La idea de que una economía en expansión implica la expansión simultánea de todas las industrias es un profundo error. Para que las nuevas industrias se desarrollen con cierta rapidez es necesario que algunas de las industrias antiguas reduzcan su volumen o se las deje morir. Es la única manera de que el capital y el trabajo necesarios para la expansión de las nuevas industrias queden libres. Si hubiéramos tratado de conservar artificialmente el transporte con tracción animal habríamos retardado el desarrollo de la industria del automóvil y todas las actividades que de ella dependen. Habríamos reducido la producción de riqueza y retardado el progreso económico y científico.
Sin embargo, esto es lo que realmente hacemos cuando tratamos de impedir la desaparición de alguna industria para proteger la mano de obra especializada o el capital ya invertido. Por paradójico que pueda parecer, tan necesario es para la salud de una economía dinámica abandonar industrias que se hallen en trance de morir, como permitir el crecimiento de las industrias florecientes. El primer proceso es esencial para el segundo. Tan disparatado es tratar de conservar industrias anticuadas como empeñarse en mantener métodos de producción en desuso; en realidad, son dos formas de describir unos mismos hechos. Los métodos de producción anticuados deben ser sustituidos constantemente por otros más perfeccionados, si queremos satisfacer las necesidades antiguas y nuevas con mejores productos y mejores servicios.

Por lo que están preocupados Hollywood, las compañías disqueras, y la élite interesada en su permanencia, es por el desmoronamiento de una estructura que les había logrado cierto nivel de riquezas. Este es un problema que, ciertamente, debe ser resuelto. No obstante, continúa Hazlitt:

Nunca será solución reducir arbitrariamente la oferta, impedir el progreso técnico o procurar que las gentes continúen prestando servicios carentes de utilidad. Sin embargo esto es lo que se ha tratado de hacer una y otra vez mediante las barreras aduaneras, la destrucción de la maquinaria, la quema del café y otros mil métodos restrictivos de la producción y del intercambio comercial.

IV. La riqueza es la escasez
En su novela distópica, George Orwell nos hablaba de tres lemas que son el símbolo de todo poder totalitario: “La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza.” También Hazlitt nos recuerda una doctrina que obedece a aspiraciones no menos tiránicas: “la doctrina demente de la riqueza mediante la escasez.” Este es el lema que quiere imponer la historia oficial, pero la verdad es rebelde.

Referencias



-Sobre el copyright como método de censura y la historia oficial de los poderes establecidos:




-Hans-Hermann Hoppe sobre la propiedad intelectual:


-Henry Hazlitt sobre el progreso tecnológico y sus implicaciones económicas:
Economía en una lección.
Economics in One Lesson

-Sobre Megaupload

            -George Orwell
1984

domingo, 22 de enero de 2012

Nicolás Gómez Dávila: The Best Defense of Aristocracies

"Maybe, after all, the best defense of aristocracies is the obvious necessity for having especialists in the art of living."
Notas
, 2003, Villegas, p. 109.

martes, 17 de enero de 2012

Nicolás Gómez Dávila: Freedom, Property and Oppression

Freedom, Property and Oppression
Nicolás Gómez Dávila
From: “Notas”, 2003, Villegas, P. 114-115.

The property of the means of production is the one and only guarantee of freedom. We can say, even excessively: he who has no land, has no freedom.
Property, however, direct and not indirect; property that the owner manages and not only possesses by means of a juridical fiction; property that his hands touch and of which his will may dispose of. Every collective wealth is, therefore, an ineffective basis and a nugatory support for the individual liberty, since it is not properly the wealth what frees oneself but its appropriation.
The real owner is not he who transitorily uses or abuses, but he who regulates, limits, determines, and gives the abuse and the use. Thus, if to an omnipotent legislative that is able to change constantly the customary rights we add the collectivization of the property, the collectivity alone or its shamefaced lords are free, while the individual finds himself supremely subjugated and oppressed.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Sólo guayacanes amarillos

Sólo guayacanes amarillos

Jaime L. Z. García
Junio de 2009

En un día tan radiante como pocos, a través de una senda totalmente cubierta por hojas secas que habían sido derramadas por hermosos guayacanes amarillos, dispuestos en dos finas hileras paralelas a sus lados, caminaba Nicolás. “Nunca, se decía, nunca en mi vida había visto una senda tan hermosa, ni unos guayacanes amarillos tan frondosos, a pesar incluso de que a esta senda no le quepa ni siquiera una sola hoja seca más.” Ese espectáculo se le hacía bastante maravilloso. Y tampoco podía dejar de admirar el que los árboles estuviesen tan perfectamente alineados, uno detrás del otro, de manera tal que la senda entre ellos fuese totalmente recta. Al lado izquierdo de la senda, separado por una de las hileras de los árboles y por una cortísima costa, se formaban unas aguas que parecían hacer un lago. En el mismo se reflejaba, como en un espejo, la irradiante luz del astro mayor. Todo el escenario era verdaderamente formidable, y podía decirse que las únicas sombras, en aquella senda, eran las que brindaban los árboles con sus ramas, sin contar la de Nicolás. Esas sombras hacían que el clima fuese totalmente fresco, no obstante que el sol se encontrase en su cenit y que incluso estuviésemos en pleno verano.
Nicolás, cansado después de mucho caminar mientras pensaba en los, ora amargos, ora dulces, devenires de la vida, decidió recostarse a la sombra de uno de los guayacanes amarillos, observando hacia los árboles de la otra hilera. Sería superfluo aquí hacer una descripción de las peculiaridades del árbol en el que se recostó Nicolás, pues, por más increíble que pudiera ser, todos los árboles eran tan parecidos que casi podía uno decir que eran totalmente iguales, hasta el punto incluso de que cada uno de ellos era capaz de producir la misma sombra. “¡Cómo sería, exclamó Nicolás, alcanzar una existencia tan perfecta como la que han adquirido, en un día como hoy, esta senda y estos árboles!” “¿Acaso no te gustaría convertirte en uno de nosotros?” Le respondió, preguntándole, el árbol de en frente. “La verdad, ello estaría muy bien. Aunque no sé cómo podría yo llegar a ser tan perfecto como ustedes y su senda.” La senda se integró al diálogo, diciendo: “Muchas gracias por lo de ‘perfectos’, si bien nosotros ya sabemos que somos perfectos. Si deseas alcanzar nuestro grado y nuestra belleza no tienes más que hacer que sumarte a la línea.” “¿A la línea? ¿Cuál línea?, respondió Nicolás”. “Pues a alguna de las hileras que formamos”, dijo el árbol en el que descansaba Nicolás. “Sí, a las hileras entre las cuales yo encuentro mi existencia”, respondió la senda.
Nicolás se sobresaltó: aquello ya no le gustaba para nada. Se puso de pie. Comenzaba a recelar respecto de esta senda totalmente recubierta por hojas secas y estos hermosos y frondosos guayacanes amarillos que brindaban una sombra tan acogedora. Nicolás le preguntó a la senda y a los árboles: “¿Y cómo han llegado ustedes a ser lo que son? ¿Cómo han adquirido una existencia tan perfecta, con unas sombras tan frescas, unas hileras tan bien alineadas y tan finas y una senda tan recta?” “Bueno, respondió el árbol que servía de descanso a Nicolás, lo cierto es que todo lo comenzaron unos hombres muy amables. Ellos, de corazón bondadoso y llenos de buenas intenciones, tuvieron la idea de lograr una senda perfecta, que estuviera finamente delimitada y acotada por dos hileras de árboles igual de perfectas. Plantaron los árboles y los cuidaron con mucho esmero. A esos hombres les tenemos mucho cariño. ¿No es cierto querida senda?” “Es cierto”, respondió la senda. “Pues bien, continuó el frondoso guayacán, una vez que las hileras estuvieron bien fijas, formando la senda, y que los árboles ya habíamos crecido lo suficiente, la senda empezó a llenarse de hojas secas, gracias a la acción del otoño. Después de esto, ya los hombres que lo comenzaron todo dejaron de ser necesarios. Los sucesivos árboles que nacían eran puestos en línea. Así, las hileras comenzaron a alargarse cada vez más, sin dejar de ser totalmente rectas, y manteniendo la rectitud de la senda. Nos autorregulamos. No tuvimos que esperar a que ningún hombre volviera a cuidarnos, todo lo hicimos por nosotros mismos de un modo bastante despersonalizado, y sin buscar otro fin que el constante mantenimiento y repetición del proceso.” “Entonces, preguntó Nicolás, esos demás árboles que fueron creciendo y que no fueron plantados por los hombres nacieron de las semillas que ustedes producían?”. “Bueno, contestó el árbol, en parte”. “¿Cómo que en parte?”, preguntó Nicolás. De inmediato Nicolás fue sujetado en todos sus miembros por diversas ramas de los árboles. Fue transportado hasta el final de la senda, a lo largo y por encima de la misma, por las ramas de todos los árboles, en un gran acto de colaboración y solidaridad. Allí, fue suspendido por encima de la senda. E inmediatamente después del último árbol de una de las hileras, las hojas comenzaron a separarse, hasta que Nicolás se dio cuenta que entre las hojas y las profundidades no había absolutamente nada. No había tierra sobre la que reposaran las hojas, más allá de ellas sólo se encontraba el abismo. Se formó, entonces, un agujero de un diámetro no muy extenso, que parecía perfectamente dispuesto para sembrar allí un ser humano, y que creciera como un frondoso guayacán de una belleza impactante. Nicolás entendió el “en parte” que había dicho ese árbol. También entendió qué había pasado con los hombres que comenzaron a formar la senda y las hileras de los árboles: habían sido absorbidos por su propia creación. Las ramas sujetaron a Nicolás fijamente y de pie sobre el agujero, hasta que finalmente las hojas que formaban el suelo de la senda se reunieron, dejando a Nicolás perfectamente sembrado. Ahora formaba parte de las perfectas hileras de hermosos y frondosos guayacanes amarillos, perfectamente iguales, hileras perfectamente alineadas, que formaban una perfecta senda, sobre la cual reposaban perfectas hojas secas. Las manos de Nicolás comenzaron a convertirse en ramas, creciendo hacia lo alto, y sus piernas tornábanse raíces. Nicolás se estaba transformando, alienando, en un deslumbrante guayacán amarillo, perfectamente igual a los otros.
A Nicolás aún le quedaba una esperanza: que aquello no fuera más que una ilusión. Intentó despertarse: en efecto, era un sueño: del cual ya no pudo salir: ahora no podía escapar. Estaba totalmente incorporado a una pesadilla.

lunes, 6 de abril de 2009

Good night.
I’m writing from Medellín, Antioquia, Colombia.
This blog’s purpose is, above all, to warn about the chaos we are directing to at increasing acceleration. This is just a preliminary program, whose means and ends will be configured according to the development of the events. First of all: we are not anarchists, nor liberals, nor socialists, nor conservatives. This is an independent thought blog: but, indeed, we see in the current situation, and in the road that it is following, the fastest way to the dissolution of the true, the freedom, and the order. According to this, the things way say here could annoy more to the liberals and the socialists than to the conservatives and the anarchists, for it is the total lack of liberty and the total lack of order what reigns in the current world. However, the conservatism, bad conducted, could carry its own bloodshed, like the liberalism and the socialism had, and the anarchism, likewise, could lead to jelly strength illusions. ¿Conservatism and anarchism? ¿anarcho-conservatism? It could be or could not: the issue is to fight against current depravation.
¿Leading authors? Of course: Carl Schmitt and Friedrich Nietzsche, but also Franz Kafka and Michel Foucault. Absolutely Edmund Burke, Joseph de Maistre, Bonald, Donoso Cortès (whose 200 birth years will be celebrated very soon), but we could not forget ours Miguel Antonio Caro (whose 100 years of having dead should lead to the highest greetings) nor Nicolás Gómez Dávila. We receive also with honors to thinkers like René Guénon and Julius Evola. The invitation is open to the finest cotemporary voices against the ethical-economical depolitization: Günter Maschke, Jerónimo Molina, Alain de Benoist, Teodoro Klitsche de la Grange, Tomislav Sunic. After showing, through the nihilism against the current situation that some of them introduce, the absolute lack of foundation that is corroding us, we built new principles, although it is not so much an ex-nihilo construction but a reconstruction over the bases that will never vanish.
Here are invited to write those who are unhappy with what the present is: but let them no seek for equality and licentiousness: it is enough with what we have.
Good night,
The blog director:
Jaime L. Z. García.
Recién creado el blog Corea del Norte lanzó su misil, con intenciones científicas claro está.

Nuestra ciudad de Biomasa





























Nuestra ciudad de Biomasa

Jaime L. Z. García

Nuestra ciudad de Biomasa ha adquirido su carácter excelso gracias a la autodelegación que el hombre se ha hecho. Esta autodelegación implicaba, ante todo, acabar con las instituciones que sostenían la constante conexión entre lo divino y lo secular, lo teológico y lo terrenal. Semejante conexión era mantenida por instituciones, pero esas instituciones no estaban compuestas más que por hombres, sin ninguna cualidad moral superior que los distinguiera de otros, eran simplemente hombres como cualesquiera otros.[1] Pero la eliminación de tales instituciones no se produjo por un enfrentamiento bélico, algo moralmente reprochable, sino mediante el proceso-progreso científico industrial, que utiliza lo antiguo –en la medida de su capacidad para ser aprovechado nuevamente-, lo pasa por alto como inutilizable o lo destruye como un elemento molesto e inútil.[2] Este progreso se ha conseguido arrasando de manera civilizada con los restos de la naturaleza sólo aparentemente indomable[3], basándonos en las ideas científico-progresistas de Sir Francis Bacon o René Descartes, sin importarnos las especies vegetales o animales que perecían con ello, pues por el supremo valor de la civilización no hay precio demasiado alto para pagar.[4] Así, a estas especies, que ya no tenían libertad, les quedaban sólo dos salidas, o verse encerradas de manera elegante en un ambiente totalmente natural para entretenimiento de nosotros, o ingresar a la civilización comportándose como hombres occidentales. En esa situación se vio el mono llamado Pedro el Rojo y tomó la opción correcta: la civilización, de tal modo que comenzó a parecerse cada vez más a los buenos hombres europeos.[5] Gracias a este progreso hemos podido elevar nuestra plenitud existencial a tener lo último en licuadoras y en pantallas LCD, siguiendo a uno de nuestros mejores pensadores: Ludwig von Mises.[6] La utopía fue posible solo partiendo de un concepto de hombre bueno por naturaleza[7], y a quien negaba esta bondad se la hemos martillado por medios bastante bondadosos.
Tenemos gimnasios, salas de cine, fútbol, películas con explosiones y sexo, así como los parques de animales que mencionábamos; tenemos además museos en los que mostramos qué tan infelices eran los hombres antes, no tenían color y sus cabezas eran algo desfiguradas, y si sufrían cosas llamadas “accidentes” tenían que andar en algo llamado “silla de ruedas”. Hoy estos accidentes han sido eliminados totalmente, ingresándolos a un mero cálculo estadístico y supervisando las instalaciones para nuestros felices trabajadores, que cada vez más se parecen a buenas y razonables máquinas,[8] y constituyen unos excelentes y admirables cuerpos dóciles, tanto más obedientes cuanto más productivos y a la inversa, gracias a la disciplina.[9] Además esas personas de antaño hacían actividades tan indecentes y contraproducentes para una buena administración privada de la sociedad como la lectura de obras serias. Hoy, en cambio, contamos con revistas como Semana, Viernes cultural, además de la revista TÚ, tan importante para el buen desarrollo de la inteligencia de nuestros queridos hijos. Por cierto que Mickey Mouse se yergue no sólo en Estados Unidos y en París[10], sino en todas partes, al lado del cual siempre hay un McDonalds. El triste y temeroso ruido de un Chopin y las atronadoras e intranquilizantes voces de un Beethoven los hemos cambiado por soniditos automáticos y cantantes con atuendos fantásticos.
Todas estas cosas nos han hecho darnos cuenta de que el hombre no necesita ningún fundamento para existir, que todo es apolítico, que más bien su fundamento es él mismo y está aquí en la tierra. Hemos creado niños sin necesidad de tener relaciones sexuales mediante la clonación[11], simuladores de orgasmos para limitar la reproducción innecesaria y eliminar el riesgo de enfermedades de transmisión sexual, además de desarrollado autopersonas para equilibrar la tendencia solitaria a la que se ha ido reduciendo la existencia, tendencia solitaria que se comenzó a producir gracias a la supresión de los estamentos corporativos mediante la acción del despotismo ilustrado y de la volonté générale.[12]
Hemos reducido la contaminación mediante el uso de energía solar y hemos podido seguir construyendo rascacielos, pues ya nos encontramos perfectamente seguros de que no habrá pueblos por ahí reclamando ningún reaccionario principio de soberanía en ningún día de septiembre. A dichos pueblos les hemos permitido ingresar a la civilización y no han sido destruidos, sino sólo transformados hacia los valores supremos por los cuales, nuevamente, no hay precio demasiado alto.
En efecto, existían pueblos que no habían podido ingresar a los valores altos de la civilización. Tenían ellos valores inferiores que sólo debíamos transformar para hacer a esos pueblos felices. Con ellos hemos procedido como lo hicimos con el mono Pedro el Rojo.[13] Estos pueblos sólo pudieron ingresar a los registros de la historia después de que nosotros llegamos a ellos llevándoles la civilización. Desde ese momento dejaron de tener eso que se llama libertad, aunque la verdad es que nunca la tuvieron, pues como sólo ingresaron a la historia después de su descubrimiento por nosotros, entraron históricamente como no-libres: desde el punto de vista de la historia nunca han sido libres. Lo único que les quedaba, entonces, como en la situación de Pedro el Rojo, eran dos salidas: la civilización o servir de patio trasero. Hay unos que ya están en vía de desarrollo y se parecen, o por lo menos quieren parecerse cada vez más, a nosotros, los buenos hombres civilizados. Pero hay otros pueblos cuya existencia sólo se justifica por sus recursos. Una vez que un pueblo de esta última clase es explotado en sus recursos ya no tiene valor alguno, o es pasado por alto como inutilizable o destruido como un elemento molesto e inútil, en el sentido ya referido.[14] En síntesis, les hemos enseñado nuestra civilización, les hemos hecho ingresar a la historia a través de su descubrimiento por nosotros y les hemos mostrado que, dada su históricamente determinada falta de libertad, o debían asimilarse a la civilización o debían perecer, por ser tan bárbaros y tan atrasados. Pues bien, la mejor forma de transformarlos es, pues lo cierto es que todavía hay de esas gentes incivilizadas, mediante la eliminación de la tiranía, un sinvalor, y la implantación de gobiernos buenos que les enseñen a esos pueblos el valor de la democracia y, así, sean lo suficientemente maduros como para no cometer el error de elegir líderes antidemocráticos por principio.[15] Ejercemos así una buena tiranía del auxilio, muy similar a lo que se tuvo que hacer a finales del siglo XVIII, para lo cual fueron de gran relevancia las ideas de Voltaire, pero sobre todo las de Helvétius, Dupont de Nemours y Mercier de La Rivière. La única diferencia es que hemos reconfigurado estas mismas ideas con el fin de lograr la unidad del mundo bajo los postulados de una moralmente pacífica y económicamente rentable despolitización ético-economicista, culminación de la cual es un gobierno tecnocrático, totalmente neutral y apolítico.[16] En este sentido, mienten aquellos que dicen que precisamente por su apoliticidad esos respetables órganos, compuestos de admirables técnicos y economistas, tienen un efecto político: la conservación del statu quo. Aunque de ser así, los que dicen esto parecen no darse cuenta de que se trata del único statu quo en que el hombre alcanzará su felicidad y el paraíso terrenal. Una sociedad de la abundancia, una sociedad hedonista, del esparcimiento, de lo superfluo, del ocio y la conversación.[17] Una sociedad que ciertamente no espera ningún regreso de ningún comandante de ninguna colonia penitenciaria, o quien dijera de “lo” político, pues se trata de una sociedad ocupada, como está, de tomar tranquilamente su té y escribir poemas y contrasonetos.[18] Esta tranquilidad se ve además posibilitada porque los jueces son ahora los que gobiernan, en cuanto defensores impersonales y normativos de la Constitución. Aunque ese gobierno en verdad es un gobierno de la constitución, pues the constitution is what the judges say[19] o, en otros términos, los derechos fundamentales son lo que dicen los jueces en sus sentencias de tutela.[20] Este activismo judicial, este gobierno de los jueces, tiene la gran virtud moral de conceder derechos sociales, económicos y culturales a todo el mundo, eliminando cada vez más de manera pacífica, crítica, racional, moral y apolítica, las desigualdades inherentes a “lo” político y la razón de Estado.[21] Este gobierno de los jueces es una mejoración, en el sentido de un progreso, del ilegal concepto de estado jurisdiccional, que una vez el jurista de la corona nazi acuñara y promoviera[22], totalmente anclado en el aberrante concepto de órdenes concretos y de las jurídicamente inseguras y antiliberales cláusulas generales.[23] Este reino de la abundancia y de la satisfacción de todas las necesidades hace posible que la gente no cometa el error de pensar que somos tiranos, pues están totalmente inmersos en una moralmente aceptable y encomiable sociedad, lo que aleja de su pensamiento la falsa idea de que se encuentran en una servidumbre voluntaria.[24]
Las imágenes dan cuenta de la noble y apolítica unidad del mundo, no hay diferencia alguna entre las razas. Sólo hay una especie de humanos y las banderas son sólo algo simbólico, restos del mundo arcaico de los Estados naciones. Las imágenes muestran qué tan felices están nuestros niños de que nuestras fuerzas pacíficas vayan a llevarles la democracia consumista de mercado a unos tristes pueblos, y a enseñarles también el valor de ser apolítico, de no creer en que existan enemigos. También aparece ahí nuestro pacífico Ministro Federal de Relaciones Exteriores y Embajador de la Metrópolis, Frank-Walter Steinmeier, que mediante campos de detención como el antiguo Guantánamo se encargaba de asegurar la paz de la humanidad. Ahí se ve como un Santa Claus afeitado yendo hacia África.[25]
La labor progresiva de la civilización no encuentra ningún Kat-echon. Incluso el Kat-echon lo hemos convertido de fuerza retenedora del mal[26] a fuerza impulsora de la democracia, el mercado, los celulares y las pantallas LCD: en síntesis, el bien, la razón y la moral. Estos no representan el Apocalipsis sino la evolución que comenzamos con nuestra constitución como punto cero, pues antes la sociedad, representada ahora por nosotros, los buenos líderes burgueses y socialistas del mundo, no tenía historia alguna: sólo nosotros hemos hecho que la sociedad comenzara en su historia. La Edad Media era la edad de la oscuridad: ahora, en cambio, estamos en camino hacia la luz.[27] Debemos llegar a la luz, esta ya no puede cegarnos porque tenemos unos sofisticados cristales protectores. Dios ha muerto[28]; todos los conceptos significativos de la moderna teoría del Estado son conceptos teológicos secularizados[29], y el hombre, a pesar de lo que otros digan, seguirá vivo por siempre y en constante mejoramiento: no hay límite.[30] El bien y el mal pueden seguir alternando, pero, gracias a la nueva ciencia de personas como Giordano Bruno, cada bien será un poco mejor que el último bien, y cada mal será un poco menor que el último mal.[31] Al final no habrá mal alguno, sólo progreso, libertad individual, democracia, civilización y electroaparatos.

[1] Se trataba de reducir al soberano y a la diferencia cualitativa que representaba a la mera condición de hombre para, poco después, al tratarlo como un enemigo, pudiéramos con toda la consecuencia lógica decir de él que era un enemigo de la humanidad, un ser inhumano, y tener así el derecho a exterminarlo, pero por el bien de la moral y de la humanidad. Cfr. KOSELLECK, Reinhart. Parágrafo V del ‘Capítulo 2: La autocomprensión de los ilustrados como respuesta a su situación en el Estado absolutista’. De “Crítica y crisis. Un estudio sobre la patogénesis del mundo burgués” (Freiburg-München: 1959). En Crítica y crisis. Un estudio sobre la patogénesis del mundo burgués. Madrid: Trotta, 2007. Pp. 17-238, pp. 57-113, pp. 93-113, pp. 108-110; cfr. tb. nota 65 al cap. 3 (p. 211). Ib.; n. 74 al cap. 3 (p. 213). Ib.; Par. II del ‘Capítulo 3: Crisis y filosofía de la historia’. Ib.. Pp. 115-62, pp. 124-39, p. 134; SCHMITT, Carl. SCHMITT. “Interpretación europea de Donoso Cortés” (1927). En ORESTES AGUILAR, Héctor (Prólogo y selección de textos). Carl Schmitt, teólogo de la política. México: Fondo de Cultura Económica, 2001. Pp. 225-43, pp. 241-2; id.. Par. ‘6. La humanidad como sujeto político y titular de un poder constituyente’. De “La revolución legal mundial. Plusvalía política como prima sobre legalidad jurídica y superlegalidad”. En Revista de Estudios Políticos, n.° 10, julio-agosto de 1979. Pp. 5-24, pp. 20-4, pp. 23-4.
[2] Cfr. SCHMITT, Carl. ‘Epílogo. La situación actual del problema: la legitimidad moderna’. En “Teología política II. La leyenda de la liquidación de toda teología política” (Berlín: 1970). En lo que sigue “T. P. II..” En ORESTES. Ib.. Pp. 391–460, pp. 451-60, p. 460. Cfr. infra, notas 11 y 30.
[3]Por eso nuestro canto dice así: “(...)On the loose, I'm a truck/ All the rolling hills, I’ll flatten’ em out, yeah/ It's herd behavior, uh huh / It's evolution, baby(…)/(…) This land is mine, this land is free/ I'll do what I want but irresponsibly/It's evolution, baby(…)/ (…)I am ahead, I am advanced/ I am the first mammal to make plans, yeah/ I crawled the earth, but now I'm higher(…). PEARL JAM. “Do the evolution”.
[4] Sobre la lógica de los valores que siempre implica un sinvalor que merece ser destruido con el objeto de implantar el valor superior, cuyo precio nunca es demasiado alto, cfr. SCHMITT. La tiranía de los valores” (Stuttgart: 1960). En Revista de Estudios Políticos, n.° 115, enero-febrero de 1961. Pp. 65-81.
[5] Cfr. KAFKA, Franz. “Un informe para una Academia” (1919). En Relatos completos. Buenos Aires: Losada, 2003. Pp. 199-210.
[6] “En una sociedad del tipo que Ferguson, Saint Simon y Herbert Spencer llaman militarista y los americanos de hoy llaman feudal, la propiedad privada de la tierra era el fruto de la usurpación violenta o de donaciones de parte del propietario beligerante que la había conquistado. Algunos poseían más, otros menos, y otros nada porque el jefe lo había decidido así. En una sociedad como ésa, era justo afirmar que la abundancia de grandes terratenientes era el corolario de la indigencia de los que no poseían tierras (...). Pero es diferente en una economía de mercado. El gran volumen en los negocios no perjudica sino que, por el contrario, mejora las condiciones del resto de la gente. Los millonarios adquieren sus fortunas al proveer a la mayoría de artículos que antes estaban fuera de su alcance. Si las leyes les hubieran impedido hacerse ricos, el término medio de los hogares americanos tendría que privarse de los aparatos mecánicos y cosas prácticas que constituyen hoy en día su equipo normal.” von MISES, Ludwig. “Desigualdad de riquezas e ingresos”. En Ideas sobre la libertad. Publicación del Centro de Estudios sobre la Libertad. Buenos Aires: octubre de 1960.
[7] Sobre la relevancia política de partir de un presupuesto antropológico optimista (bondad natural del hombre) o pesimista (maldad inherente del mismo) cfr. SCHMITT. Par. 7 de “El concepto de lo político. (Texto de 1932)”. En adelante “C. P.”. En El concepto de lo político. Texto de 1932 con un prólogo y tres corolarios. Madrid: Alianza, 1991. Pp. 49-106, pp. 87-97.
[8] Cfr. GUÉNON. “Capítulo 7. Una civilización material”. De La crisis del mundo moderno (París: 1927). Barcelona: Paidós, 2001. Pp. 101-118, pp. 107-8. Comparo esta edición con Valencia: Grupo de Estudios Tradicionales de Valencia, 1998. Existe otra edición en Barcelona: Obelisco, 1988.
[9] El resultado de las disciplinas es un ser humano vuelto perfecto, para nada inhumano, al convertirse en una máquina repetitiva y en aceleración constante, un cuerpo hecho dócil por la relación recíproca entre obediencia y utilidad. Cfr., principalmente, FOUCAULT. Cap. ‘I. Los cuerpos dóciles’. De la tercera parte “Disciplina”. De Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión (París: 1975). Buenos Aires: Siglo XXI, 1976. Pp. 137-230, pp. 139-74.
[10] RAMMSTEIN. “Amerika”. “(...)Klaus/ und vor Paris steht Mickey Mouse.”
[11] “La orientación escatológica pretende ‘formular el mensaje escatológico de acuerdo con las condiciones de nuestra sociedad actual’ (J. B. Metz). ¿Qué significa esto en términos concretos? Nuestra sociedad actual representa una unidad progresista en el sentido de un progreso desencadenado, un espíritu científico libre de valores, la libre explotación industrial y el incremento del libre consumo humano; asimismo, constituye un conjunto pluralista de grupos sociales en el que todo se vuelve plurivalente; y por último se trata de una sociedad hominizante, como dijera J. B. Metz. Me parece que una sociedad progresista, plurivalente y ‘hominizante’ de esta índole sólo admite una escatología adecuada e inmanente a su sistema, o sea de igual forma progresista y plurivalente. Por consiguiente, una escatología de su tipo sólo puede ser una escatología homo-homini-homo, en el mejor de los casos una utopía, con la esperanza, como principio, de un homo absconditus capaz de producirse a sí mismo, además de las condiciones de su propia posibilidad de existir.” SCHMITT. Par. ‘3. El carácter actual de la leyenda de la liquidación (Hans Maier, Ernst Feil, Ernst Topitsch).’ Del cap. “I. La leyenda de la liquidación teológica definitiva”. De T. P. II.. Pp. 399-414, pp. 408-14, p. 413. “2. El Nuevo Hombre que se produce a sí mismo por medio de este proceso no es un nuevo Adán, tampoco un nuevo preadanita ni mucho menos un nuevo Cristo-Adán, sino el producto no estructurado de antemano del proceso-progreso puesto en marcha y mantenido en funcionamiento por él, es decir, por sí mismo. 3. El proceso-progreso no sólo se produce a sí mismo y al Nuevo Hombre, sino también las condiciones para la posibilidad de sus propias recuperaciones de novedad, esto significa lo contrario de una creación desde la nada, o sea la creación de la nada en cuanto condición para la posibilidad de la autocreación de una siempre Nueva Terrenidad.” Id.. ‘Epílogo...’. Pp. 459-60. Cfr. tb. KOSELLECK. Par. I del ‘Capítulo 3: Crisis...’. Pp. 115-124, pp. 118, 119, 120, 121. Se trata de hacer una “secularización de la escatología cristiana. El hombre que ha desplazado a Dios, se hace cargo en cuanto juez moral de la dirección de la historia, y a través del medio de su Filosofía de la historia cree haber establecido y asegurado el decurso de dicha historia en el sentido de su jurisdicción; el Juicio final es incorporado –en Raynal ocurre esto con estructuras totalmente escatológicas- al decurso progresivo de la historia como proceso permanente.” Nota 154 al cap. 3. Ib.. Pp. 224-5; cfr. tb. nota 180 al cap. 3. Ib.. P. 227. “En cuanto a la ideología marxista, la pregunta sobra. Una especie de hombres que se crean a sí mismos, según la tesis 11 de Feuerbach, sería una sociedad sin padres.” SCHMITT. Par. ‘6. La humanidad...’. P. 21, nota 16. Cfr. supra, n. 2, infra, n. 30.
[12] Cfr. SCHMITT, Carl. Par. ‘El despotisme légal como dictadura de la razón esclarecida: Voltaire; los fisiócratas, en particular Mercier de la Rivière’. Del “Capítulo 3. La transición a la dictadura soberana en la teoría del Estado del siglo XVIII”. De La dictadura. Desde los comienzos del pensamiento moderno de la soberanía hasta la lucha de clases proletaria (Munich y Leipzig: 1921). Madrid: Alianza, 1985. Pp. 133-72, pp. 145-8; Id.. Par. ‘La volonté générale y la dialéctica del terror’. Del “Capítulo 3. La transición...”. Pp. 158-64.
[13] Cfr. supra, n. 4.
[14] Cfr. supra, n. 2.
[15] ZIZEK, Slavoj. “How Much Democracy Is Too Much?” En Culture, May 19, 2003. Disponible en
http://www.inthesetimes.com/article/73/how_much_democracy_is_too_much
[16] Cfr. Z. GARCÍA, Jaime L. “La tiranía del auxilio”. Medellín: sin publicar, abril de 2009.
[17] C. P.. Par. 6. Pp. 82-7, p. 83 y la nota correspondiente (“p. 54”) en la p. 149; Id. ‘Introducción’. En “Legalidad y legitimidad” (Munich-Leipzig: 1932). En ORESTES. Ib. Pp. 245-343, pp. 247-58, p. 258.
[18] KAFKA. “En la colonia penitenciaria” (1915); cfr. tb. Z. GARCÍA. “La literatura desde una perspectiva histórico-espiritual. Reflexiones sobre el hombre, la certeza, la racionalidad y la humanidad.” Medellín: sin publicar, abril de 2009. Especialmente el par. ‘XIII. Kafka y Obama: Guantánamo y la colonia penitenciaria’.
[19] Supreme Court Justice Charles Evans Hughes. “We live under a Constitution; but the Constitution is what the judges say it is.” 1907.
[20] Corte Constitucional Colombiana. Sentencia T-406 de 1992. M. P.: Ciro Angarita Barón. “Existe una nueva estrategia para el logro de la efectividad de los derechos fundamentales. La coherencia y la sabiduría de la interpretación y, sobre todo, la eficacia de los derechos fundamentales en la Constitución de 1991, están asegurados por la Corte Constitucional. Esta nueva relación entre derechos fundamentales y jueces significa un cambio fundamental en relación con la Constitución anterior; dicho cambio puede ser definido como una nueva estrategia encaminada al logro de la eficacia de los derechos, que consiste en otorgarle de manera prioritaria al juez, y no ya a la administración o al legislador, la responsabilidad de la eficacia de los derechos fundamentales. En el sistema anterior la eficacia de los derechos fundamentales terminaba reduciéndose a su fuerza simbólica. Hoy, con la nueva Constitución, los derechos son aquello que los jueces dicen a través de las sentencias de tutela.” En este párrafo la Sentencia refiere a H.L. Hart.
[21] Cfr. KOSELLECK. Par. IV del ‘Capítulo 2: La autocomprensión...’. Pp. 82-93, pp. 82-7.
[22] SCHMITT. ’17. El giro hacia el Estado totalitario (1931)’. En la selección de los “Conceptos y posiciones en la guerra con Weimar-Ginebra-Versalles, 1923-1939”. En ORESTES. Ib.. Pp. 63-166, pp. 82-94, pp. 84-7; id.. “Prólogo. El sistema de legalidad del Estado legislativo frente a otros tipos de Estado (estados jurisdiccional, gubernativo y administrativo)”. En “Legalidad...”. Pp. 259-69.
[23] Id.. Sobre los tres modos de pensar la ciencia jurídica (Hamburgo: 1934). Madrid: Tecnos, 1996.
[24] LA BOÉTIE, Étienne de. “Sobre la servidumbre voluntaria” (Orleáns: hacia 1550).
[25] RAMMSTEIN. Ib. “Nach Afrika kommt Santa Klaus/ und vor Paris...”.
[26] SCHMITT. Par. ’15. Tierra y mar en las guerras de religiones’. En “Tierra y mar. Una reflexión sobre la historia universal” (Leipzig: 1942; Stuttgart: 1954). En Tierra y mar. Una reflexión sobre la historia universal. Madrid: Trotta, 2007. Pp. 63-6, p. 64. Cfr. Franco Volpi: “Empleado dos veces por san Pablo en la segunda carta a los Tesalonicenses, katechon indica ‘la fuerza que retiene’ (-termino griego que no podemos transcribir[nota de Z. García]-quid detineat, 2 Tes 2, 6) o ‘aquel que retiene’ (-término griego que no podemos transcribir-, qui tenet, 2 Tes 2, 7), es decir, que frena y retrasa la llegada del Anticristo, el mysterium iniquitatis y por tanto el final de los tiempos. La mayor parte de los autores latinos –Tertuliano, san Agustín y los Padres de la Iglesia- lo identifican con el Imperio romano; Tomás de Aquino con la institución que ha recogido su herencia uniendo imperium y sacerdotium, es decir, la Iglesia católica romana.” VOLPI, Franco. ‘Katechon’. Par. de ‘Categorías fundamentales: Estado, Gran espacio, Nomos’. Par. de “El poder de los elementos”. Epílogo a SCHMITT. “Tierra...”. Pp. 83-107, pp. 93-7, pp.96-7. Volpi señala varias obras en las que Schmitt menciona el concepto de kat-echon: además de “Tierra...”, Ex Captivitate Salus, El Nomos de la Tierra, Verfassungsrechtliche Aufsätze, “Teología política II”, Glossarium, “(donde la doctrina del katechon está fechada en 1932)(...).” Ib., p. 97, n. 41. Como vimos tb. es referido en ‘La unidad...’, pero tb. en “Historiografía in nuce. Alexis de Tocqueville” (1946). En Revista..., n.° 43, enero-febrero de 1949. Pp. 109-14. Este mismo texto apareció, aunque sin el primer parágrafo, bajo el nombre “Alexis de Tocqueville: una historiografía existencial”. En Casa del tiempo, Vol. VI, Época III, números 66-67, julio-agosto de 2004. Pp. 102-4. En una nota el traductor en esta edición se refiere a la doctrina del kat-echon, de modo bastante caliginoso, como “una doctrina finalista o propiamente teológica para sustentar una visión del mundo.” P. 104, n. 2.
[27] GUÉNON, René. “Capítulo 1. La Edad Sombría”. De La crisis.... Pp. 15-30, pp. 26-7; cfr. tb. C. P.. Par. 8. Pp. 97-106, p. 101.
[28] NIETZSCHE, Friedrich. Así habló Zaratustra (1892).
[29] SCHMITT. Par. ‘III. Teología política’. De “Teología política I. Cuatro capítulos sobre la teoría de la soberanía” (Munich-Leipzig: 1922, 1934). En ORESTES. Ib.. Pp. 19-62, pp. 43-53, p. 43.
[30] Cfr. supra, notas 2 y 11.
[31] WHITE, Howard. “Francis Bacon [1561-1626]”. En STRAUSS, Leo y CROPSEY, Joseph (Compiladores). Historia de la filosofía política (Chicago: 1987). México: F. C. E, 1993. Pp. 350-367, p. 355.